Hace un año y un mes una bruja me dijo que mi abuela iba a morir. Bueno, no lo dijo explícitamente pero yo lo supe en ese instante. No era trágico porque tenía 97 años y ya era hora.
¿Qué hacés cuando sabés que alguien va a morir? Uno podría pensar que saber eso es horrible pero no lo fue. Lo primero que hice fue callarme la boca y no decirle a nadie. Lo segundo, convertir cada momento con mi abuela en el último. No me olvidé de decirle nunca que la quería ni dejé de tocarla. Si no me escuchaba le repetía todas las veces que fuera necesarias. Antes no lo hacía. Desde los 93 que decidió que no iba a aprenderse ningún nombre más ni reconocer otra cara nueva. Con lo que sabía y conocía le alcanzaba. Y desde que su primogénito murió que llegó a la conclusión que "ya estaba bueno" de vivir. Cuando le parecía que ya era suficiente de una situación decía "ya está bueno, m'hijito", ahora yo lo digo y la recuerdo. A las dos semanas se cayó y se abrió la cabeza, salió de esa. Luego, un trombo en una pierna la llevó al hospital. Todas las noches se levantaba para irse, hacían falta dos para pararla. Dos semanas y lo inevitable.
Quise muchisimo a mi abuela. Probablemente sea de las personas que más quise. Era de 1910, una genia. Mi abuela era una genia.
Mañana se cumple un año de su muerte. No la extraño pero su recuerdo me emociona.
A los 16 escribí un cuento donde ella era uno de mis personajes. Gané un premio.
Su nombre: Adelina.
Se merece el post más largo del blog.